Quedan muy pocos días, para que
muchos comiencen con su rutina desde marzo, con sus horarios escolares y
laborales. Pero con esto, también llega la desestabilidad corporal y mental,
que puede llevar a verdaderos problemas si no se comienza a enfrentar oportunamente.
Es así, como el psicólogo de la Unidad de Cuidados Paliativos, Mario Montero,
aconseja empezar antes con la adaptación para poder así pasar por este síndrome
post-vacacional.
“Se genera un impacto en varios
aspectos de las personas. Lo que hoy día se tiende a llamar el síndrome
post-vacacional o la depresión post-vacacional. Si bien es cierto, no es un
trastorno reconocido como tal, generar alteraciones es lo que tiene que ver con
el rendimiento, la eficiencia y en lo que tiene que ver con la salud mental. Lo
que se llama eventualmente un efecto Jet-Lag social, que es lo mismo que pasa
cuando tú viajas, por ejemplo, de manera intercontinental y a veces es como que
retrocedieras un día o te adelantaras uno. Y eso justamente, afecta en varios
aspectos, muchas veces en el equilibrio hormonal, el sistema cardiovascular, el
sistema inmune e inclusive en lo que tiene que ver con nuestro funcionamiento a
nivel cognitivo”, indicó el psicólogo.
Para reducir estos efectos Montero aconseja ajustes graduales del ciclo de sueño, por ejemplo:
- Adelantar la hora de dormir y levantarse entre 15 a 20 minutos diarios
. - Desconectar pantallas 30 o 40 minutos antes de acostarse
. - Evitar siestas y cenas pesadas o altas en azúcar durante la noche
. - Plantearse objetivos realistas en el trabajo para optimizar el tiempo
.
“Es importante incorporar rutinas
de higiene del sueño. Esto significa pantallas fuera, por lo menos entre 40 a
30 minutos, como mínimo, antes de ir a dormir o tratar de evitar estar
expuestos a un estímulo. En este caso visual, nos estimula a mantenernos en
vigilia y por ende, afecta lo que es la producción de melatonina, que es
justamente la hormona que nos ayuda a facilitar lo que es un sueño más profundo
y reparador. Evitar siestas y cenas muy tarde. Las siestas porque interrumpen,
el tema de un sueño más profundo durante la noche y las cenas que muchas veces
son pesadas o con mayor tendencia a azúcares, grasas o carbohidratos, te
inquietan el sueño y no te dejan llegar a esos estadios más profundos donde
justamente se producen procesos metabólicos, reparatorios, que son súper
importantes para el cuerpo”, añadió Montero.
En cuanto a la adaptación
psicológica, recomienda aceptar que la recuperación del máximo rendimiento
puede tardar semanas; plantearse objetivos realistas y planificar tareas para
optimizar el tiempo, evitando exigencias inmediatas. No obstante, hay síntomas
que deben alarmarnos, si es que se extienden por periodos más largos, como
meses, será necesario ir por ayuda psicológica, para organizar los tiempos de
trabajo y descanso.
“Si hay una alteración del sueño,
siento que no es reparador, me cuesta. Eso, de alguna forma u otra, me trae
problemas en el trabajo. Cuando estoy más irritable, me desconcentro, típico
que mando un correo y no adjunto el archivo, el olvido, es porque justamente mi
capacidad de retención, de información, de evocación, se está viendo
interrumpida porque me falta sueño. No es reparador, indica que no está
evolucionando bien mi adaptación”, reiteró el profesional.
Despertarse sin sensación de
descanso, somnolencia diurna, cefaleas frecuentes o pérdida de concentración,
pueden ser síntomas que requieren evaluación. La clave está en la adaptación
progresiva de horarios, la higiene del sueño, la actividad física y la
planificación realista. Si el malestar persiste, buscar orientación profesional
para descartar trastornos del sueño u otras alteraciones que vayan más allá del
efecto pasajero del retorno a la rutina.

Comentarios
Publicar un comentario